BLOQUE 5.
“De un tiempo
para acá, he tratado de escribir plantas, océanos, hadas tal vez, volcanes en
erupción, fantasmas confundidos; incluso he querido escribir árboles y elfos.
Lo único que he logrado ha sido escribir piedras, alambre de púas, plomo,
tierra seca y chatarra sin sentido alguno. (…) Un día, casi a punto de morir
por falta de letras, hubo un atisbo de luz. Súbitamente creí reconocer el gesto
amable sobre la superficie blanca del papel. De un solo golpe aparecieron
atardeceres rojizos, presagios de tormenta, besos apasionados, desenlaces
inesperados, personajes con forma y fondo, protagonistas viles y antagonistas
heroicos, prostitutas inocentes y monjas llenas de lujuria… asesinos de alma
pura y héroes sin humildad. Me creí capaz, entonces, de escribir árboles, galaxias y todo eso que,
creo, he venido deseando desesperadamente de un tiempo para acá, pero ese golpe
de suerte duró sólo un segundo”.
La pregunta que surge al
leer el ensayo de este autor anónimo es ¿tan difícil es escribir? Pero para
poder dar una respuesta exacta, ¿no sería necesario comenzar por definir qué es
escribir? Si
preguntáramos a un niño ¿Qué es para ti la escritura?, seguramente nos
respondería que es algo aburrido, lo relacionarían con términos como
ortografía, gramática, corrección, que para él no tienen ningún valor o
atractivo. Es cierto que para escribir debemos usar reglas gramaticales y
diccionarios. Si tomamos un diccionario cualquiera, podríamos comprobar que escribir no
es más que combinar palabras que den como resultado una producción lógica. Por
lo tanto, volviendo a la pregunta inicial ¿tan complicado es escribir? La respuesta
probablemente sería: no, no es tan complicado. Cualquier persona con mínimo de
inteligencia y la habilidad de reconocer y reproducir palabras es capaz de
escribir.
Pero la escritura es mucho más
que eso, a través de ella podemos aprender, imaginar, reflexionar y gozar de la
belleza de la realidad o de la invención. Entonces, donde radica la complejidad de producir un relato. Y más
importante ¿A
qué nos referimos cuando hablamos de creación literaria? ¿Es muy distinto
ayudar a desarrollar la habilidad de crear a un niño o a un adulto? ¿Qué pautas
se han de dar?
En todo proceso de
reflexión como el que nos ocupa, es lícito comenzar explicando a qué nos
estamos refiriendo. ¿Qué es la Creación Literaria? Si tomamos como definición
del término literatura, el arte que
utiliza como instrumento la palabra, y lo unificamos a la definición de
creación, a la que nos referimos como la
producción de una cosa a partir de la nada o a la producción de una obra a
partir de la capacidad artística, imaginativa o intelectual de su autor,
podemos concluir que lo que se pretende es: poner en marcha nuestra imaginación y nuestro intelecto para producir
una obra a través de las palabras.
En palabras de Louis
Timbal-Duclaux, en su obra “Técnicas para liberar la inspiración y métodos de
redacción”, “La antigua retórica dividía
el arte de escribir en cuatro partes sucesivas. La invención, o el arte de
encontrar las ideas. La disposición o el arte de ponerlas en orden constituyendo
un plan. La elocución o arte de elegir las palabras y formar las frases.
Finalmente, la presentación, que podía ser ya oral, ya escrita”.
La
mayoría de manuales se centran en las dos últimas partes, por ser las más
sencillas de mostrar y de elaborar. Sin embargo, las dos
anteriores, y en particular, la invención, son, si cabe, más importantes.
Cuando nos encontramos ante un grupo de alumnos, más allá de mostrarles las
técnicas y la estética de las palabras, hay que fomentar el desarrollo de la
capacidad de fabulación, mostrarles que de cualquier situación cotidiana se
puede realizar una reflexión que les ayude a la producción de ideas genuinas,
en definitiva, a la imaginación.
El
proceso para adquirir una destreza en la creación literaria, no es muy
diferente de la de cualquier otra habilidad: requiere un aprendizaje. Pero, ¿cómo
se lleva a cabo ese proceso?, ¿qué herramientas son necesarias? Y sobre todo
¿qué hace falta en una persona para adquirir o mejorar esta capacidad? Por
suerte, y dando respuesta a esta última pregunta, para crear una obra sólo es
necesario… ¡Saber escribir y ganas de hacerlo!
Existen
muchos errores acerca de la capacidad de adquirir una creatividad literaria
fluida. Por ejemplo, la idea de que ser creativo es un don especial, que se
tiene o no se tiene, y si no se posee es muy poco o nada lo que se puede hacer
para desarrollarla y lo mejor es pedir ayuda a quien es creativo; o que sólo
las personas que poseen un alto nivel cultural pueden ser creativas. Vigotsky (1981) consideraba que la
creatividad existe potencialmente en todos los seres humanos, y es susceptible
de desarrollar, o sea, que no es privativa de los genios, sino que está
presente en cualquier ser humano que imagine, transforme o cree algo por
insignificante que sea en comparación con las grandes personalidades creativas
de la historia.
El aspecto más relevante del
aprendizaje de la escritura creativa es que permite a la persona integrar tres
contextos imprescindibles en el desarrollo individual, sobre todo del niño, que
son, el campo lúdico, el mundo literario y el contexto social:
1. Campo
lúdico: la enseñanza llevada a cabo con actividades y estrategias atractivas,
novedosas y motivadoras conduce a un aprendizaje acelerado, desinhibido, donde
se estimula la creatividad, el trabajo en grupos y logran la autorrealización.
Estas actividades lógicamente deben ser adaptadas según la edad del alumnado
con el que trabajamos.
2. El mundo
literario: ofrece que el alumno aprenda variantes de escritura según el
estilo, el género literario a tratar, desarrolla la capacidad lectora, la
comprensión, descubren nuevos contenidos gramaticales, se logra además la
fusión de las destrezas comunicativas.
3. Contexto
social: la dimensión social del hombre está presente en cualquier acción
que desarrolle, en la interrelación estrecha de la persona con la comunidad de
la cual es miembro. Estudiosos como L. S. Vigotsky (psicólogo ruso del primer
tercio del siglo XX) y R. Feuerstein (psicólogo y educador israelí, cuyos
estudios se inician en los años 60 del siglo XX) destacan la importancia del
contexto social en el que se produce el aprendizaje y su conveniencia en cooperación
como complemento del aprendizaje individual. De este contexto, dependerá en
gran medida la producción literaria, pues se crea a partir de aquello que se
conoce, que forma parte de la vida cotidiana de cada alumno.
La creatividad literaria es una habilidad que está
poco presente en la sociedad actual. Y remarcamos esta circunstancia, porque la
importancia que posee la creatividad literaria, no se limita al deleite de
quien escribe o de quien lo lee, sino que aportando otras ventajas añadidas.
Algunas de las capacidades que fomentan la
creatividad literaria son:
1. Aumentan la velocidad de nuestras reacciones
mentales.
2. Estimulan la capacidad de adaptación a
circunstancias nuevas.
3. Enseñan a construir nuevos discursos con
elementos asimilados con anterioridad, rompiendo así el ciclo clásico de
memorización y repetición automática de lo memorizado.
4. Modifican completamente la relación del alumno
con la propia escritura y otras actividades como la lectura, fomentando su
interés y respeto por ellas.
5. Perfeccionan otras destrezas comunicativas al
intercambiar y compartir ideas y razonamientos con compañeros.
6. Ayudan a
aprender a organizar ideas, construir textos con coherencia lógica, adaptar el
estilo según el destinatario, el tema tratado y el tipo de texto.
7. Fijan valores como la adecuación, coherencia, cohesión,
estilo y presentación (que las desarrolla, a su vez, en la expresión oral) y la
posibilidad de ofrecer nuevas vías para una mayor creatividad y una mejor
autorrealización.
El inevitable aspecto lúdico que la escritura
creativa posee, aporta además, las siguientes ventajas:
1. La creatividad lúdica no está vinculada a
resultados. No se percibe la misma presión que ante una actividad de objetivos
prácticos y claramente cerrados antes del comienzo de la actividad.
2. Las actividades lúdicas relajan y ayudan a crear
cierta atmósfera de familiaridad entre estudiantes y entre alumnado y profesor.
3.
Proporciona, además, formas amenas y variadas de ensayar con la lengua.
4. Desvía la atención excesiva que normalmente recae
sobre el profesor, convirtiéndole en una pieza más del juego y haciendo de los
alumnos los verdaderos protagonistas.
5. Las actividades lúdicas son fuente de placer.
Además de todas estas ventajas, existen dos
características propias de la escritura creativa que hacen de ella una
actividad imprescindible:
1. Desautomatización.
Cuando nos enfrentamos a la escritura creativa, el lenguaje que manejamos no
tiene, a efectos prácticos, el desgaste propio de la lengua cotidiana. Si nos
concentramos en el puro acto de escribir un texto, las palabras se presentan
ante nosotros en todas sus dimensiones, ofreciéndonos muchas más posibilidades
que en gastado lenguaje diario. Esto permite que apreciar la lengua desde
puntos de vista enriquecedores.
2. Autorreferencialidad:
cuando ejercemos la escritura creativa, nuestra atención se vuelca sobre el
propio mensaje, y no sobre objetivos externos a él, centrándose en sus mecanismos
generadores.
Y, ¿cómo podemos fomentar la
creatividad literaria? ¿Qué estrategias o herramientas tenemos a mano para
hacerlo? Cuando hablamos de Creación literaria, es imposible no tener en cuenta
las aportaciones de Rodari. Él nos presenta distintas técnicas para generar
ideas con las que construir historias. Para él, como para Louis Timbal-Duclaux,
como ya se mencionó anteriormente, lo interesante es el procedimiento que lleva
a la aparición de la idea, no la redacción del futuro cuento (la Gramática de
la fantasía no es, en absoluto, un manual que explique cómo escribir).
Rodari propone como principal método para
estimular la imaginación y la inventiva, lo que él denomina "binomio fantástico". Este
método se basa en contraponer dos palabras lo suficientemente alejadas entre sí
en cuanto a su significado y posición real. Este binomio provoca una
estimulación de la imaginación para buscar una relación entre ambas. Según el
propio autor, no estaríamos ante un binomio si utilizamos las palabras “tren-autobús”,
“gato-perro” o “silla-mesa”, pero sí lo serían por ejemplo, “cama-flor”. Los
tres primeros, se relacionan entre sí por pertenecer al mismo conjunto
(transportes, animales o muebles). Sin embargo, el último binomio obliga a
realizar un esfuerzo para encontrar una relación mediante la imaginación.
Otro método propuesto por el autor es la hipótesis fantástica. Mientras que
en el binomio fantástico se forma a partir de dos sustantivos, en la hipótesis
fantástica se parte de un sustantivo y un verbo. A continuación, se formula la
pregunta, ¿qué pasaría si verbo sustantivo? Por ejemplo, a partir de nubes y
desayunar, se formula la siguiente pregunta ¿Qué pasaría si se pudiera
desayunar nubes? De la que puede surgir un cuento con facilidad.
También propone el método del prefijo arbitrario, que como su nombre hace suponer, radica en
realizar las acciones anteriores combinando un prefijo con otra palabra.
El siguiente método propuesto, sería el error creativo por el que el autor
propone que de un lapsus puede nacer una historia divertida. Por ejemplo,
usar conrazón en lugar de corazón.
Otro de los métodos, es el que denomina el elemento extraño que consiste en
proporcionar una lista de palabras. Algunas de estas podrán ser agrupadas por
cercanía lingüística o de significado, quedando siempre una o varias de ellas,
alejadas del resto, como un elemento extraño. Esto obliga que integrar esa palabra
o grupo de palabras, creando una historia insólita.
El método cuentos en clave obligatoria, trata de variar los cuentos dándoles una modulación
diferente. Ejemplo: El flautista de Hamelín, ambientada en el Valladolid
actual, pero estará invadido, no por ratas, sino por coches. Cenicienta en
clave interplanetaria. En estas historias, se cambiarán las categorías de
tiempo y espacio.
Por último, Rodari
proporciona el método de la creación de
personajes, donde el personaje creado mediante un binomio será el que tomará
un protagonismo total en la historia.
Volviendo al principio de
este espacio, y recordando de nuevo las palabras de Louis Timbal-Duclaux, una
vez expuesto los métodos para acelerar y producir buenas ideas, sabiendo como
disponerlas formando frases, sólo nos quedaría decidir bajo que estilo
conformar las palabras para transmitir lo que deseamos de la forma más bella y
exacta, nos estamos refiriendo a la forma de presentarlas. A continuación, se
detallan brevemente los tres estilos más utilizados (lírico o poético, épico o
narrativo y dramático):
·
Poesía
Pertenecen a la poesía las obras en
las que el autor expresa de modo subjetivo sus sentimientos e impresiones
personales sobre sus vivencias, bajo la forma de un poema.
La lírica es el género poético más
subjetivo y personal. Habitualmente las composiciones líricas se presentan en
verso. Sin embargo, también puede darse el caso en el que el poeta se vale del
recurso de la prosa, modificándolo de tal manera que el texto, aunque esté
escrito en prosa, adquiera la musicalidad y el ritmo de los poemas escritos en
verso. En estos casos se habla prosa poética.
·
Narración
De forma bastante elemental podemos
decir que al género narrativo pertenecen las obras en las que se relatan
acontecimientos reales o ficticios. El género narrativo cuenta con ciertos
elementos característicos. Algunos de ellos son: los personajes, el narrador, el espacio y el tiempo.
Los personajes: que participan en la historia. El carácter de los
personajes siempre se desarrolla de forma independiente de la voluntad del
autor, a medida que la narración se desarrolla.
El narrador: es uno de los personajes de la narración. Su función principal consiste en
relatar la historia. El narrador puede asumir distintas perspectivas para contar
la historia.
El espacio de la narración está conformado por los lugares en los que se
desarrollan los acontecimientos. También podemos encontrar lugares irreales o
indeterminados. En algunas narraciones, el espacio puede considerarse como un
protagonista de la historia.
·
Drama
El género dramático comprende aquellas obras
literarias destinadas a ser representadas ante un público.
Las obras dramáticas pueden estar escritas en verso o
en prosa. El recurso fundamental del género dramático es el diálogo que entablan
los personajes en distintas circunstancias del desarrollo de la acción. Las
principales formas de la dramática son: La tragedia, la comedia y el drama.
La tragedia: que es una forma dramática que tuvo su origen en la antigüedad.
Habitualmente el conflicto trágico es producto de la ruptura del orden del
mundo, evento que enfrenta a los personajes con un destino inexorable. El gran
modelo de la tragedia como forma dramática lo encontramos en las obras de los
clásicos griegos.
La comedia: es una forma en la que la acción dramática discurre de manera opuesta a la
tragedia. Si en la tragedia los personajes cambian de un estado favorable a uno
desfavorable, en la comedia se da un ascenso en el estado de los personajes.
El drama: A diferencia de las formas anteriores, el drama no tiene un carácter
definido, sino que en él se combinan indistintamente aspectos trágicos y
cómicos. Esto se debe a que el drama pretende representar la vida tal cual es,
razón por la cual, tiende a tratar los asuntos de forma menos rígida que la
tragedia y la comedia.
En conclusión, la creación literaria
es una habilidad al alcance de todos. Sólo requiere saber escribir y disciplina
para perfeccionarla. Y aunque cierto es que se necesitan algunas nociones
básicas sobre reglas gramaticales y literatura, sobre todo, es necesario
imaginación y sentimiento por parte del autor. Pues recordando una cita de
Montaigne “No
puede decirse lo que no se siente”.
Fuentes:
Apuntes de clase.
Muy bien. La parte de la prosa y del drama te ha quedado un poquito más "coja".
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