Ayudar al niño a convertirse en lector
por
Jacqueline Kerguéno.
Las ideas que se exponen en este artículo son muy
interesantes, por tanto, no quería llegar al final del cuatrimestre sin
comentar brevemente alguna de ellas:
Como afirma Jacqueline Kerguéno, amar la
lectura no es sencillo pues no es algo que se consiga de forma automática.
Todos somos conscientes de que a los niños
actuales no les gusta leer y si hablamos con personas que tengan hijos pequeños
podremos confirmar la idea fácilmente pues los padres reconocen con mucha
frecuencia que sus hijos no leen. NO debemos considerar esta afirmación como
algo sin importancia o que ya se les pasará. Es una situación que debemos
intentar evitar o en su caso buscarle una solución desde el primer momento.
Personalmente me resulta verdaderamente
curioso ver a padres preocupados por esta situación y lo dicen con verdadera
alarma, como queriendo decir que como podrá ser que a sus hijos no les guste… Olvidan
quizá que a ellos tampoco les gusta leer, y no pueden pretender que al niño le
guste por arte de magia.
Ante esta situación lo primero que se les
suele ocurrir a los padres (lo he visto en muchos casos)para buscar una solución
es escoger algún libro de los que tienen por casa o alguno que les recomiendan
pero que verdaderamente no son adecuados para el niño, y obligarle a que se
siente en una silla durante media hora al día (o más) a leer. Esto es un grave error, pues
si el niño no se siente atraído por el mundo de la lectura con esta forma de
actuar sólo conseguiremos alejarle aún más, pues se aburrirá y asociará la idea
de leer con un castigo y no lo verá por tanto como algo divertido.
Comparto la idea de que leer es una actividad que
requiere concentración. Es necesario amar las palabras, dejarlas resbalar
dentro de uno y en ocasiones detenerse para meditarlas.
Una idea fundamental es que si un niño no ha
aprendido desde pequeño a escuchar cuentos, a imaginar entre las frases lo que
no se dice, a vivir emociones identificándose con los héroes, no encontrará en
la lectura más que una sucesión de palabras sin encanto. No habrá aprendido a
entrar en la magia del relato.
Antes cité la actitud que presentan muchos
padres de coger cualquier libro que tienen por casa o que les recomiendan y ponérselo
a sus hijos como lectura obligatoria sin preocuparse realmente de si ese libro
les va a gustar o de si es adecuado para su edad.
Jacqueline Kerguéno compara esta forma de
actuar con la idea de darle un chuletón a un bebé, (A un bebé no podemos darle
de comer nunca un chuletón y de igual forma a un niño que sea lector inexperto
tampoco debemos darle el primer libro
que encontremos).
Un lector debutante necesita un texto a la
medida de sus capacidades, acorde con su sensibilidad, que tenga en cuenta su
lenta progresión con el texto escrito.
Por este mismo motivo, que un niño no acabe un
libro no debe ser motivo de enfado de los padres, pues si ha notado que el
libro no le gusta, que lo deje, coja otro que le atraiga más y quizá algún día
vuelva a retomar el que dejo a medias (No estaremos cortando su pasión por la
lectura).
Una idea muy
importante y que ya hemos destacado en otras ocasiones en este blog pero que no
debemos olvidar es que los niños necesitan conectar con los héroes de la
historia. Tienen que poder identificarse con el personaje que más les gusta y,
por eso, es necesario que comprendan el funcionamiento de ese personaje. Éste, ha
de tener una cierta coherencia psicológica y unos comportamientos lógicos que
coincidan con su psicología. También es necesario que el héroe sea interesante
y que uno pueda tener ganas de identificarse con él. Las historias demasiado
insignificantes, sin un auténtico héroe, se olvidan pronto.
Otras ideas destacadas:
-
Si un niño está interesado por el tema del libro, si
se ha despertado su curiosidad, aceptará mejor pasar un rato, aunque no sea
demasiado largo, tratando de comprender el texto que va asociado a las
imágenes. Es más agradable y más fácil cuando la imagen y el texto van bien
coordinados en una misma página. Existe entonces una pre‑percepción de la
situación que ayuda a adivinar las palabras y las hace más accesibles.
-
Conviene no molestarle sin razón cuando está
leyendo. Y propiciar la calma y el confort del sitio de lectura cuando sea
posible. No hay que confundir la lectura escolar, que es un ejercicio de
progresión, con la lectura de ocio. Esta debe hacerse sin control, debe ser
silenciosa.
-
Una buena historia empuja al lector hacia adelante.
Si vive las emociones del héroe, éstas se convierten en suyas. Por el
contrario, una historia en la que no se sienten emociones como el miedo, el
alivio, la indignación, la alegría, la tristeza, etc.., no se lee con demasiado
entusiasmo. Hacia los 8‑9 años, una buena historia debe provocar en su lector
el deseo de pasar a la página siguiente, para saber lo que va a ocurrir, para
no abandonar a su héroe.
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