"He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos." (Antoine de Saint Exupéry, El Principito).

viernes, 20 de enero de 2012


Ayudar al niño a convertirse en lector

por Jacqueline Kerguéno.

Las ideas que  se exponen en este artículo son muy interesantes, por tanto, no quería llegar al final del cuatrimestre sin comentar brevemente alguna de ellas:

Como afirma Jacqueline Kerguéno, amar la lectura no es sencillo pues no es algo que se consiga de forma automática.

Todos somos conscientes de que a los niños actuales no les gusta leer y si hablamos con personas que tengan hijos pequeños podremos confirmar la idea fácilmente pues los padres reconocen con mucha frecuencia que sus hijos no leen. NO debemos considerar esta afirmación como algo sin importancia o que ya se les pasará. Es una situación que debemos intentar evitar o en su caso buscarle una solución desde el primer momento.

Personalmente me resulta verdaderamente curioso ver a padres preocupados por esta situación y lo dicen con verdadera alarma, como queriendo decir que como podrá ser que a sus hijos no les guste… Olvidan quizá que a ellos tampoco les gusta leer, y no pueden pretender que al niño le guste por arte de magia.  

Ante esta situación lo primero que se les suele ocurrir a los padres (lo he visto en muchos casos)para buscar una solución es escoger algún libro de los que tienen por casa o alguno que les recomiendan pero que verdaderamente no son adecuados para el niño, y obligarle a que se siente en una silla durante media hora al día  (o más) a leer. Esto es un grave error, pues si el niño no se siente atraído por el mundo de la lectura con esta forma de actuar sólo conseguiremos alejarle aún más, pues se aburrirá y asociará la idea de leer con un castigo y no lo verá por tanto como algo divertido.

Comparto la idea de que leer es una actividad que requiere concentración. Es necesario amar las palabras, dejarlas resbalar dentro de uno y en ocasiones detenerse para meditar­las.

Una idea fundamental es que si un niño no ha aprendido desde pequeño a escuchar cuentos, a imaginar entre las frases lo que no se dice, a vivir emociones identificándose con los hé­roes, no encontrará en la lectura más que una sucesión de palabras sin en­canto. No habrá aprendido a entrar en la magia del relato.


Antes cité la actitud que presentan muchos padres de coger cualquier libro que tienen por casa o que les recomiendan y ponérselo a sus hijos como lectura obligatoria sin preocuparse realmente de si ese libro les va a gustar o de si es adecuado para su edad.
Jacqueline Kerguéno compara esta forma de actuar con la idea de darle un chuletón a un bebé, (A un bebé no podemos darle de comer nunca un chuletón y de igual forma a un niño que sea lector inexperto tampoco debemos  darle el primer libro que encontremos).

Un lector debutante necesita un texto a la medida de sus capacidades, acorde con su sensibilidad, que tenga en cuenta su lenta progresión con el texto escrito.

Por este mismo motivo, que un niño no acabe un libro no debe ser motivo de enfado de los padres, pues si ha notado que el libro no le gusta, que lo deje, coja otro que le atraiga más y quizá algún día vuelva a retomar el que dejo a medias (No estaremos cortando su pasión por la lectura).

Una idea muy importante y que ya hemos destacado en otras ocasiones en este blog pero que no debemos olvidar es que los niños necesitan conectar con los héroes de la historia. Tienen que poder identificarse con el personaje que más les gusta y, por eso, es necesario que comprendan el funcionamiento de ese personaje. Éste, ha de tener una cierta coherencia psicológica y unos comportamientos lógicos que coincidan con su psicología. También es necesario que el héroe sea interesante y que uno pueda tener ganas de identificarse con él. Las historias demasiado insignificantes, sin un auténtico héroe, se olvidan pronto.

Otras ideas destacadas:
-          Si un niño está interesado por el tema del libro, si se ha despertado su curiosidad, aceptará mejor pasar un rato, aunque no sea demasiado largo, tratando de comprender el texto que va asociado a las imágenes. Es más agradable y más fácil cuando la imagen y el texto van bien coordinados en una misma página. Existe entonces una pre‑percepción de la situación que ayuda a adivinar las palabras y las hace más accesibles.

-          Conviene no molestarle sin razón cuando está leyendo. Y propiciar la calma y el confort del sitio de lectura cuando sea posible. No hay que confundir la lectura escolar, que es un ejercicio de progresión, con la lectura de ocio. Esta debe hacerse sin control, debe ser silenciosa.

-          Una buena historia empuja al lector hacia adelante. Si vive las emociones del héroe, éstas se convierten en suyas. Por el contrario, una historia en la que no se sienten emociones como el miedo, el alivio, la indignación, la alegría, la tristeza, etc.., no se lee con demasiado entusiasmo. Hacia los 8‑9 años, una buena historia debe provocar en su lector el deseo de pasar a la página siguiente, para saber lo que va a ocurrir, para no abandonar a su héroe.




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