"He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos." (Antoine de Saint Exupéry, El Principito).

miércoles, 18 de enero de 2012


ACTIVIDAD BLOQUE 2.

Este cuento es una adaptación del cuento “La princesa  y los siete bandoleros” por Pablo Pérez Notario. La edad a la que va dirigida es desde los 10 años en adelante.

La princesa que amaba a un bandolero.

Esta historia comienza en un hermoso y próspero país, donde los habitantes eran el  reflejo de la felicidad y la armonía de sus Reyes.

El rey Arturo y su esposa la reina María Antonella, tenían una preciosa hija cuyos cabellos eran como los rayos del sol y sus ojos tenían el color del mar. Sus padres soñaban con formar y educar a esta joven princesa para que fuera la reina de un país que crecía en abundancia y en respeto por parte de sus ciudadanos y de los países vecinos.

Los reyes sentían fascinación por una palabra  especial, esa palabra era “libertad”. Era el motor que movía su manera de gobernar, respetando y aceptando siempre otras opiniones y formas de vida, fue por ello, que  a la luz de sus vidas como solían llamar a su pequeña hija le pusieron por nombre Libertad.

La pequeña era inteligente, noble y bondadosa con todos los sirvientes y el personal de palacio. Adoraba los caballos y desde muy pequeña montar a caballo se convirtió en su pasatiempo favorito. Su madre, la Reina María Antonella, siempre acompañaba a su hija a cabalgar, mientras el Rey les decía adiós desde una de las torres de su palacio gritando: “cuida de la luz de nuestras vidas, volved sanas y salvas”.

Fueron pasando los años, la prosperidad y la felicidad eran la constante en el país, pero tanta felicidad asustaba con frecuencia al Rey, sobre todo cuando veía partir a caballo a su esposa y a su hija a las que siempre repetía “cuida de la luz de nuestras vidas, volved sanas y salvas”.

Pasaron primaveras, llegaron las lluvias del otoño y de nuevo volvía la primavera repleta de abundancia, flores y frutos para todos los habitantes del reino.

Un mal día en que la reina salió a cabalgar con la princesa Libertad, la suerte del reino cambió, la Reina María Antonella amada por todos, no volvería a palacio, pues su caballo se asustó al cruzarse en su camino un zorro, tirando a la Reina en el pedregoso camino, donde por un golpe desafortunado la reina falleció.

El Rey Arturo y su hija estaban desolados. Pasaron 2 ó 3 años y los Primeros Ministros del Reino aconsejaban al Rey que se volviera a casar, pues el reino también estaba entristecido.

Siguiendo su consejo, cuando la princesa Libertad cumplió 18 años, el Rey se casó con una dama del Reino que se llamaba Prímula.

Al principio la nueva Reina trataba con fingido amor a la princesa Libertad, pero con el paso de los días, cualquiera menos el Rey, podía apreciar que era avara, egoísta, egocéntrica, destructiva, ambiciosa, envidiosa, celosa y cruel.
Los celos que sentía por Libertad eran tantos que convirtió la vida de la princesa en una autentica pesadilla.  Era tanta la maldad que la Princesa tuvo que soportar, que sus cabellos perdieron su brillo y ya no tenían el color del sol, ni sus ojos el color del mar, en su lugar tenía un cabello pardo y unos ojos ensombrecidos con enormes ojeras, un cuerpo flaco y cansado y el aspecto de la Princesa, podía parecerse al de cualquier aldeana de un país vecino en donde no reinara ni la felicidad ni la alegría.
El Rey permanecía ciego a cuanto le ocurría a la joven princesa pues las mentiras de Prímula, siempre llenaban su cabeza.

Una mañana, al levantarse, la Princesa recordó las reflexiones de su madre acerca de porque le habían puesto el nombre de Libertad y su corazón se llenó de coraje y orgullo, sin perder ni un segundo preparó ropa y comida  y salió huyendo de palacio pensando que jamás volvería.

Libertad caminó noche y día, día y noche temiendo que su madrastra Prímula diera la orden de bucarla y la mandara matar. Estando ya desfallecida pues ya no tenía ni agua ni comida, vio a lo lejos humo y pensó, donde hay humo hay fuego y… quizá haya gente.

La suerte la acompañó pues se trataba de un campamento pero cuál fue su sorpresa al ver que se trataba de bandoleros que se encontraban sentados alrededor de una hoguera mientras comían apetitosos alimentos. Al ver a la muchacha flaca, con aspecto de enferma, los bandoleros decidieron permitirle que se quedara con ellos para poder cuidarla, alimentarla y sobre todo le dieron cariño, algo de lo que la princesa se encontraba enormemente necesitada desde la muerte de su madre.

Estando con ellos, Libertad aprendió a cocinar y a aportar su granito de arena en aquella nueva vida que le había tocado vivir.

El grupo de bandoleros era de catorce hombres que robaban a los ricos en los caminos para después distribuir las riquezas entre los más necesitados.  Libertad se acostumbró a vivir de aquella manera e incluso le parecía lógico distribuir las riquezas de otra manera distinta a lo que ella había aprendido en palacio.

Entre los bandoleros estaba Alexis un joven de 20 años, fuerte, alegre, valiente, soñador, sensible y sobre todo, para Libertad, el chico más guapo de todos los reinos. (Libertad se había enamorado.)

Mientras tanto, en el castillo de su padre se habían producido cambios pues el Rey tras la marcha de su hija  se dio cuenta de lo ciego que había estado viviendo junto a una mujer que tenía tanto mal en su corazón y se divorció.

Libertad se había acostumbrado a ser feliz junto a los bandoleros, ella los esperaba siempre en el campamento pues no permitían que ella pusiera en peligro su vida acompañándoles.

Un desgraciado día, por la mañana temprano, los guardias del rey atacaron el campamento de los bandoleros pues habían descubierto su escondite y querían atraparlos mientras dormían.

Al sentir el peligro, los bandoleros se levantaron de su cama de un salto y emprendieron la retirada, llevando con ellos a Felicidad, sin embargo Alexis no huyó, sino que se quedó luchando contra los soldados del rey pues intentaba darles tiempo a sus compañeros para que pudieran escapar.

Desde la distancia Felicidad y el resto de los bandoleros vieron como Alexis poco a poco era rodeado por los soldados hasta que finalmente lo detuvieron para llevarlo ante el rey y que lo condenara.

Cuando llegaron a un lugar seguro, la princesa estaba de los nervios, daba vueltas y más vueltas en círculo. ¿Qué hacer? Se preguntaba. 

Años atrás, el día que se marchó del palacio se prometió  que nunca más  volvería, pero, Alexis era algo más importante que cualquier promesa, así que tomó la decisión, recogió su ropa y comenzó el camino de regreso a  su hogar.

Ya en las puertas de palacio, los soldados le negaron el acceso a una hermosa joven que se hacía llamar Libertad, ante la negativa, ella escribió una frase en un papel y les pidió que se lo entregaran de inmediato al Rey, pues él comprendería.

Cuando el Rey vio la nota en la que decía “cuida de la luz de nuestras vidas y volved sanas y salvas” rompió a llorar y corriendo se dirigió a las puertas de palacio, donde abrazó a su pequeña pidiéndole perdón por haber estado tan ciego y haberse casado con una mujer tan cruel.

Tras abrazarse, Libertad pidió a su padre clemencia para el joven Alexis que fue puesto en libertad de inmediato.

Unas semanas después, Felicidad y Alexis se casaron y gracias a ellos desde entonces, el reparto de las arcas reales fue mucho más justo y todos  fueron felices.


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