ACTIVIDAD BLOQUE 2.
Este
cuento es una adaptación del cuento “La princesa y los siete bandoleros” por Pablo Pérez
Notario. La edad a la que va dirigida es desde los 10 años en adelante.
La
princesa que amaba a un bandolero.
Esta
historia comienza en un hermoso y próspero país, donde los habitantes eran
el reflejo de la felicidad y la armonía
de sus Reyes.
El
rey Arturo y su esposa la reina María Antonella, tenían una preciosa hija cuyos
cabellos eran como los rayos del sol y sus ojos tenían el color del mar. Sus
padres soñaban con formar y educar a esta joven princesa para que fuera la
reina de un país que crecía en abundancia y en respeto por parte de sus
ciudadanos y de los países vecinos.
Los
reyes sentían fascinación por una palabra especial, esa palabra era “libertad”. Era el
motor que movía su manera de gobernar, respetando y aceptando siempre otras
opiniones y formas de vida, fue por ello, que
a la luz de sus vidas como solían llamar a su pequeña hija le pusieron
por nombre Libertad.
La
pequeña era inteligente, noble y bondadosa con todos los sirvientes y el personal
de palacio. Adoraba los caballos y desde muy pequeña montar a caballo se
convirtió en su pasatiempo favorito. Su madre, la Reina María Antonella,
siempre acompañaba a su hija a cabalgar, mientras el Rey les decía adiós desde
una de las torres de su palacio gritando: “cuida de la luz de nuestras
vidas, volved sanas y salvas”.
Fueron
pasando los años, la prosperidad y la felicidad eran la constante en el país,
pero tanta felicidad asustaba con frecuencia al Rey, sobre todo cuando veía
partir a caballo a su esposa y a su hija a las que siempre repetía “cuida de
la luz de nuestras vidas, volved sanas y salvas”.
Pasaron
primaveras, llegaron las lluvias del otoño y de nuevo volvía la primavera
repleta de abundancia, flores y frutos para todos los habitantes del reino.
Un
mal día en que la reina salió a cabalgar con la princesa Libertad, la suerte
del reino cambió, la Reina
María Antonella amada por todos, no volvería a palacio, pues
su caballo se asustó al cruzarse en su camino un zorro, tirando a la Reina en el pedregoso camino,
donde por un golpe desafortunado la reina falleció.
El
Rey Arturo y su hija estaban desolados. Pasaron 2 ó 3 años y los Primeros
Ministros del Reino aconsejaban al Rey que se volviera a casar, pues el reino
también estaba entristecido.
Siguiendo
su consejo, cuando la princesa Libertad cumplió 18 años, el Rey se casó con una
dama del Reino que se llamaba Prímula.
Al principio la nueva Reina
trataba con fingido amor a la princesa Libertad, pero con el paso de los días,
cualquiera menos el Rey, podía apreciar que era avara, egoísta, egocéntrica,
destructiva, ambiciosa, envidiosa, celosa y cruel.
Los celos que sentía por Libertad
eran tantos que convirtió la vida de la princesa en una autentica pesadilla.
Era
tanta la maldad que la Princesa tuvo que soportar, que sus cabellos perdieron
su brillo y ya no tenían el color del sol, ni sus ojos el color del mar, en su
lugar tenía un cabello pardo y unos ojos ensombrecidos con enormes ojeras, un
cuerpo flaco y cansado y el aspecto de la Princesa , podía parecerse al de cualquier aldeana
de un país vecino en donde no reinara ni la felicidad ni la alegría.
El
Rey permanecía ciego a cuanto le ocurría a la joven princesa pues las mentiras
de Prímula, siempre llenaban su cabeza.
Una
mañana, al levantarse, la
Princesa recordó las reflexiones de su madre acerca de porque
le habían puesto el nombre de Libertad y su corazón se llenó de coraje y
orgullo, sin perder ni un segundo preparó ropa y comida y salió huyendo de palacio pensando que jamás
volvería.
Libertad
caminó noche y día, día y noche temiendo que su madrastra Prímula diera la
orden de bucarla y la mandara matar. Estando ya desfallecida pues ya no tenía
ni agua ni comida, vio a lo lejos humo y pensó, donde hay humo hay fuego y… quizá
haya gente.
La
suerte la acompañó pues se trataba de un campamento pero cuál fue su sorpresa
al ver que se trataba de bandoleros que se encontraban sentados alrededor de
una hoguera mientras comían apetitosos alimentos. Al ver a la muchacha flaca,
con aspecto de enferma, los bandoleros decidieron permitirle que se quedara con
ellos para poder cuidarla, alimentarla y sobre todo le dieron cariño, algo de
lo que la princesa se encontraba enormemente necesitada desde la muerte de su
madre.
Estando
con ellos, Libertad aprendió a cocinar y a aportar su granito de arena en
aquella nueva vida que le había tocado vivir.
El
grupo de bandoleros era de catorce hombres que robaban a los ricos en los
caminos para después distribuir las riquezas entre los más necesitados. Libertad se acostumbró a vivir de aquella
manera e incluso le parecía lógico distribuir las riquezas de otra manera
distinta a lo que ella había aprendido en palacio.
Entre
los bandoleros estaba Alexis un joven de 20 años, fuerte, alegre, valiente,
soñador, sensible y sobre todo, para Libertad, el chico más guapo de todos los
reinos. (Libertad se había enamorado.)
Mientras
tanto, en el castillo de su padre se habían producido cambios pues el Rey tras
la marcha de su hija se dio cuenta de lo
ciego que había estado viviendo junto a una mujer que tenía tanto mal en su
corazón y se divorció.
Libertad
se había acostumbrado a ser feliz junto a los bandoleros, ella los esperaba
siempre en el campamento pues no permitían que ella pusiera en peligro su vida acompañándoles.
Un
desgraciado día, por la mañana temprano, los guardias del rey atacaron el
campamento de los bandoleros pues habían descubierto su escondite y querían atraparlos
mientras dormían.
Al
sentir el peligro, los bandoleros se levantaron de su cama de un salto y
emprendieron la retirada, llevando con ellos a Felicidad, sin embargo Alexis no
huyó, sino que se quedó luchando contra los soldados del rey pues intentaba
darles tiempo a sus compañeros para que pudieran escapar.
Desde
la distancia Felicidad y el resto de los bandoleros vieron como Alexis poco a
poco era rodeado por los soldados hasta que finalmente lo detuvieron para
llevarlo ante el rey y que lo condenara.
Cuando
llegaron a un lugar seguro, la princesa estaba de los nervios, daba vueltas y más
vueltas en círculo. ¿Qué hacer? Se preguntaba.
Años
atrás, el día que se marchó del palacio se prometió que nunca más volvería, pero, Alexis era algo más importante
que cualquier promesa, así que tomó la decisión, recogió su ropa y comenzó el
camino de regreso a su hogar.
Ya
en las puertas de palacio, los soldados le negaron el acceso a una hermosa
joven que se hacía llamar Libertad, ante la negativa, ella escribió una frase
en un papel y les pidió que se lo entregaran de inmediato al Rey, pues él comprendería.
Cuando
el Rey vio la nota en la que decía “cuida de la luz de nuestras vidas y volved
sanas y salvas” rompió a llorar y corriendo se dirigió a las puertas de
palacio, donde abrazó a su pequeña pidiéndole perdón por haber estado tan ciego
y haberse casado con una mujer tan cruel.
Tras
abrazarse, Libertad pidió a su padre clemencia para el joven Alexis que fue
puesto en libertad de inmediato.
Unas semanas después, Felicidad y Alexis se casaron y gracias a ellos desde entonces,
el reparto de las arcas reales fue mucho más justo y todos fueron felices.
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