Bloque I: Literatura Infantil. Análisis y selección.
(Voy a desarrollar
este tema como una continuación del bloque 0, (en un primer momento los dos
trabajos estaban unidos), por tanto, para entender el bloque en su globalidad
es recomendable leer primero el bloque 0, publicado también en este blog).
Algunas ideas que
debemos recordar:
- - La literatura es una disciplina (no es una ciencia) y podemos definirla como: “el arte de la palabra oral y escrita”.
- - No todos los textos son considerados literarios. Para que sean literarios deben cumplir una serie de características. (Voluntad artística del autor, ser ficción, etc.).
- - La literatura infantil es aquella literatura que se escribe destinada a los niños, y que debe tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentran para adaptar el vocabulario y buscar sus intereses y gustos. (Es literatura de receptor implícito).
¿En
qué momento histórico podemos empezar a hablar de literatura infantil? ¿Cuándo
empezó a escribirse teniendo presente que los destinatarios eran los niños?
Al
investigar y buscar información sobre el origen y la historia de la literatura
infantil, encontramos gran cantidad de datos, algunos de ellos contradictorios,
pues hay muchos autores y cada uno da su propia opinión.
Algunos
autores señalan el origen de la literatura infantil en el S. XVII con el Pentamerone
de G. Batista Basile. Por el contrario otros autores como Ricardo Nervi creen
que no apareció la literatura infantil hasta el S. XVIII con la publicación en Francia de El amigo
de los niños.
Por su
parte Anne Pellowsky también fija en el S. XVIII el origen de la literatura
infantil gracias a John Newberry.
Estas
son algunas de las teorías individuales que he encontrado, sin embargo la gran
mayoría de los especialistas señalan que fue gracias a Charles Perrault (S.
XVII) cuando se inició la tradición literaria infantil con sus “Cuentos de Mama
Oca”.
Queda
claro entonces que hay una gran diversidad de opiniones sobre cuando empezó la
literatura infantil, por tanto, para poder contestar correctamente a estas
preguntas, creo que antes de continuar es necesario hacer un breve repaso de la
historia de la literatura infantil.
(Antes de
adentrarnos en la historia de la literatura, debemos tener muy claro que la literatura es una manifestación artística que avanza conforme lo hace la
sociedad y por tanto, evoluciona conforme cambia la sociedad).
EDAD
MEDIA.
Durante la Edad Media, no existía el concepto de infancia como tal, por lo
que, tampoco había nada semejante a la literatura infantil, ya que no se consideraba la infancia como un
periodo de tiempo en el que el niño tuviera necesidad de una literatura
diferenciada.
Durante toda la Edad Media, leer
estuvo considerado un privilegio y por tanto solamente tenían acceso a la
cultura la alta nobleza y el clero (la cultura se hallaba aislada en palacios y
monasterios). A consecuencia de esto, muy
pocos adultos (y menos aún los niños) tenían acceso a la lectura, y los pocos libros que podían conseguir estaban
marcados por un gran didactismo con el que se pretendía inculcar buenas
costumbres y creencias religiosas.
Por supuesto no se puede negar que
en esta época los niños ya escuchaban y leían (la minoría que sabía hacerlo) cuentos
y poesías pero estas obras no estaban pensados para ellos, es decir, no
habían sido escritos para los niños. (En esta época los niños y los adultos
escuchaban y leían las mismas cosas).
Los libros que más leían los niños en
esta época eran abecedarios (el conjunto que forman las letras y
sus inherentes grafías), silabarios (eran textos destinados a la
enseñanza inicial de la lectura), bestiarios (En la literatura
medieval, colección de relatos, descripciones e imágenes de animales reales o
imaginarios).
Todos estos libros no buscaban el
entretenimiento personal o el ocio, sino que tenían cierto carácter social,
moralizante y religioso.
También podríamos incluir dentro de
los libros más leídos por los niños de la época, alguna de las fábulas de
Esopo, (No debemos considerarlas literatura infantil, pues no cumplen los
requisitos necesarios).
Siglos XVII y XVIII.
En estos siglos, se volvieron a
utilizar las fábulas de la antigüedad, y traducciones de Esopo (que influyó en
los fabulistas de la época). Aparecieron nuevos creadores como: Sebastián
Mey, Fabulario de cuentos antiguos y nuevos.
En Europa, especialmente en Francia
se pusieron de moda los cuentos protagonizados por niños que intentaban
moralizar e inculcar valores como valentía, la verdad, etc.
En Alemania Comenio publicó el Orbis
Sensualium Pictus. Este libro de imágenes se considera
revolucionario dentro de la literatura infantil. Se cree que es el primer
libro ilustrado para niños.
Charles Perrault publicó Cuentos del pasado, en los que
reúne algunos de los más famosos relatos populares franceses. Pulgarcito, El
gato con botas, La Cenicienta y Caperucita Roja. (Todos sus cuentos se
explicaban con una moraleja).
En Inglaterra aparecieron
dos libros de gran trascendencia: Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe
y Los viajes de Gulliver (1726), de Jonathan Swift.
Otro libro del S. XVIII que no
podemos dejar de destacar fue Emilio (1762) de Jean-Jacques Rousseau. Rousseau sentó las bases de la concepción del
niño como tal, atendiendo a sus características e intereses propios, y no como
un adulto pequeño (Las aportaciones Rousseau buscando un cambio en la forma de
pensar de la época fueron muy importantes, pero sobre esto ya hablaré más
adelante).
Los filósofos y pensadores de la
época comenzaron a considerar que el niño necesitaba su propia literatura, por
supuesto con fines didácticos. En España Tomás de Iriarte
escribió Fábulas literarias (1782) (sigue sin
ser literatura para niños pues tiene fines didácticos).
Por tanto,
los primeros libros para niños, se empezaron a escribir a finales del
siglo XVII pero debemos
clasificarlos como paraliteratura; porque la finalidad de aquellos escritos era
didáctica y moralizante, es decir, se intentaba educar con el uso de estos
libros como apoyo.
Se difundió
el perfil de niño valiente, obediente, etc. Eran personajes planos y sin
personalidad, que no correspondían con la realidad, esto implicaba que el
lector no se identificaba con ellos, y por tanto, disminuía su motivación.
Siglo XIX. Descubrimiento del niño.
En esta época encontramos a los
famosos hermanos Grimm, escribieron
sus Cuentos para la infancia y el hogar, en los que aparecen
personajes famosos en todo el mundo: Pulgarcito, Barba Azul, Blancanieves, la
Cenicienta y Caperucita. (Que ya se conocían en la versión de Perrault del
siglo anterior).
Hans Christian Andersen fue
el gran continuador de la labor de los hermanos Grimm. Sus Cuentos para
niños gozaron de un éxito impresionante. Entre sus obras más destacadas
encontramos: La sirenita, El patito feo, El soldadito de plomo, etc.
España se incorporó algo más
tarde a esta corriente de literatura popular:
Cecilia Böhl de Faber (cuyo seudónimo es Fernán
Caballero) fue una de las pioneras en preocuparse realmente por la literatura infantil y por crear escritos
que sirvieran para enseñar y para entretener al mismo tiempo.
Recogió el folclore infantil, las leyendas y los
cuentos populares, y los fue publicando
en un periódico para niños. En 1874 publicó la colección completa con el
título Cuentos, oraciones, adivinanzas y refranes populares e infantiles.
El padre Coloma publicó
la colección de cuentos para niños Lecturas recreativas (entre ellas se
encuentra el famoso Ratoncito Pérez).
En esta época no podemos dejar de
nombrar a Saturnino Calleja pues creó
la editorial Calleja que llegó a ser la más popular en España,
Hispanoamérica y Filipinas. (Sobre la enorme importancia y características de
esta editorial hablaré más adelante).
Siglo XX. Esplendor del libro
infantil.
El siglo XX fue el siglo del esplendor del libro
infantil. Los escritores, empezaron a tener mucho más en cuenta la psicología
del niño, sus intereses y sus vivencias. Además elaboran mucho más sus
personajes, les dotaron de vida interior y les hicieron crecer a lo largo de la
obra.
Algunos libros han significado un
punto de referencia fundamental, tanto para los niños como para los adultos,
como El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, así como, Marcelino
pan y vino, del escritor español José María Sánchez Silva, cuenta la
historia de un niño travieso, aunque ejemplar, con la ventaja de que se
identifica mejor con los chicos de carne y hueso. (Es un libro con características
muy españolas, que ha sido traducido a muchos idiomas).
En los años cuarenta aparecieron las
obras de Carmen Conde y Gloria Fuertes.
Durante las décadas 60-70 en España, se empezó a hacer literatura
infantil; cabe destacar entre otros, a Encarnación Aragoneses de Urquijo
(conocida como Elena Fortún) que creó el personaje de Celia, las
publicaciones de Antoñita la Fantástica (Borita Casas) o de Mari Pepa de
Emilia Cotarello.
En este momento se produjo un cambio
absoluto en los personajes, con Calleja eran planos y educativos, pero se
produce un cambio y pasan a ser cada vez
más reales, por lo que los niños (lectores)
pueden identificarse con ellos.
Quiero destacar especialmente a la
autora Elena Fortún pues como hemos visto en clase, fue ella
quien abrió las puertas de la realidad en la literatura infantil. En sus libros
aparecían personajes y situaciones que los jóvenes lectores podían reconocer
fácilmente en su vida cotidiana.
Celia es un personaje que crece
junto a sus lectores y acompaña en las vivencias de esas niñas para que se
sientan identificadas. En la misma línea, se publicó “Antoñita la Fantástica”,
de Borita Casas en la que su personaje ya no era la niña modélica, sino algo
más compleja y menos sumisa siendo así, más real.
Tanto Elena Fortún como Borita
Casas, a pesar de que se someten a los roles prefijados de la época, son
capaces de hacer una fina crítica social y un documento que describe el momento
histórico que se vivía en España. Lo más importante de estas dos obras es la
importancia que otorgaron al papel infantil frente a los adultos.
El Polizón del Ulises de Ana María Matute supuso una ventana hacia el niño
rebelde, presenta un protagonista autónomo, travieso y rebelde muy diferente del
típico niño bueno que era característico hasta entonces.
En los años 80 adquirieron una gran
importancia los libros de literatura infantil pues empezaron a venderse en gran
cantidad como consecuencia de que eran asequibles (en comparación con los
precios de los libros en épocas anteriores) y a los niños les gustaban.
Quedo constancia de que la edición
de este tipo de libros suponía un gran negocio para las editoriales pues se
vendían en gran cantidad. (Por este
motivo aparecieron diferentes colecciones).
S.XXI.
En mi opinión del siglo XXI podemos
destacar sobre todo a J.K Rowling, pues con sus famosas historias de Harry
Potter ha conquistado tanto a niños como ha adultos, creando toda una industria
de millones de dólares a su alrededor.
Es un ejemplo claro de literatura
ganada; pues sus libros no fueron
escritos para niños, es decir, era literatura que no era para niños, pero al
transcurrir el tiempo, los niños se apropiaron de ella.
En la actualidad la edición de
cuentos infantiles es un gran negocio, para intentar vender aún más se han
creado nuevas formas como el álbum de imágenes (total print) en el que todas
las páginas son ilustradas y aparecen los textos de forma superpuesta. Estos nuevos
métodos que están surgiendo y muchos otros que estoy seguro de que surgirán en
el futuro, no debemos considerarlo como algo negativo sino que en mi opinión es
totalmente positivo que haya gente pensando cómo conseguir que los niños y
niñas actuales se enganchen a la lectura, y el método de álbum de imágenes
intenta precisamente esto, acercar la literatura a los más pequeños aunque sólo
sea porque les gustan las ilustraciones. (Vivimos en un mundo que cambia muy
rápido, especialmente gracias a los avances de la tecnología, por tanto los
escritores que intenten llegar con sus obras a niños del mundo actual, deben
intentar estar totalmente actualizados y buscar nuevas formas de llegar a
ellos).
Por todo lo visto hasta ahora llego
a la conclusión de que:
Al
acercarnos al concepto de literatura infantil conviene destacar en primer
lugar, la conexión entre escuela, infancia y literatura, conexión comprensible
pero que históricamente ha asociado el producto infantil con un excesivo
didactismo, hasta llegar a confundir lo literario con lo didáctico, pedagógico
o ejemplarizante y con ello confundir al lector o lectora acerca de lo que
debía encontrar en su lectura: nada de placer y realidad subjuntiva como nos
dice J. Bruner (1996) sino mucha lección variada acerca del tipo de persona que
la sociedad espera de un lector en formación vital.
En
segundo lugar, hay que partir del reconocimiento de que la literatura infantil
no es ni constituye un producto de segunda fila (o género menor) por el hecho
de estar destinado desde el mismo origen del proceso creativo, a la infancia.
La consideración de la literatura infantil como un subproducto hace tiempo que
tenía que haber sido abandonada. Y con ella nuestros prejuicios adultos para
disfrutarla y valorarla.
Y
es que la aparición del concepto y producto “literatura infantil” coincide con
la conciencia social diferenciada de la etapa o época de la vida humana
denominada infancia. Hecho que empieza a ocurrir en el siglo XIX.
El
concepto de literatura infantil es así reciente si estamos de acuerdo en
considerar que dos siglos es un periodo breve de tiempo en la historia del
arte, indesligable de la historia de la humanidad. En el mundo occidental la
literatura infantil tal y como hoy la
entendemos nace a lo largo del siglo XIX y es consecuencia directa de la
escolarización -acceso al mundo de la letra impresa- y de un cambio de
mentalidad en la concepción del niño como un sujeto diferente del adulto, y
también de la infancia como un periodo diferenciado de la vida adulta.
La
idea de una infancia con intereses y necesidades formativas propias condujo a
la creación de libros especialmente dirigidos a este segmento de edad.
En
un principio estos libros se entendieron como un instrumento educativo, pero el
enorme consumo infantil de colecciones populares de novelas, leyendas y cuentos
para todos los públicos, hizo que empezaran a editarse libros pensados para su
ocio y entretenimiento. El profesor Luis Sánchez Corral (1995) hace las
siguientes consideraciones: "[…] Bien pudiera retrasarse la aparición
de la auténtica literatura infantil hasta el siglo XIX, precisamente cuando se
produce la transición desde la palabra didáctico-moral a la palabra
lúdico-estético". (Seguidores de esta nueva corriente, más centrada en
entretener y divertir que en educar son: Salvador Bartolozzi, Manuel Abril,
Elena Fortún, Mª Teresa León, etc.).
Para
M. Bortolussi (1985), la literatura infantil es aquella que tiene como
destinatario al niño. Es un fenómeno reciente que nace con la conversión de los
cuentos de hadas, de origen popular, en material de lectura infantil, fenómeno
que no se produjo de manera definitiva hasta el siglo XIX. Lo cual no significa
que no se escribiera antes de este siglo para niños, pues la historia del niño
como destinatario de la palabra escrita data del siglo VI de nuestra era, pero
no toda manifestación escrita de la palabra es literatura, y, durante siglos,
lo que se destinaba al niño no era "literatura" en el sentido
habitualmente otorgado a la palabra, sino más bien material
didáctico-moralizador.
Juan
Cervera (1989) cree que el concepto de literatura infantil ha de tener un papel
integrador y selectivo, y concreta que en la literatura infantil “se
integran todas las manifestaciones y actividades que tienen como base la palabra
con finalidad artística o lúdica que interesen al niño”. Pone así el
interés en el receptor. El adulto puede destinarle la obra, pero es el niño
quien tiene la última palabra.
Se puede afirmar por tanto que el
concepto de literatura infantil apareció en el S. XIX como consecuencia directa
de la escolarización, el acceso al mundo de la letra impresa, y la
diferenciación entre la infancia y la etapa adulta. La idea de este periodo
diferenciado, la infancia, con unos intereses y necesidades formativas propias,
fue lo que propició la creación de libros dirigidos a este sector de edad.
A lo largo de la historia la
definición de literatura infantil ha ido evolucionando. En un principio no se
tenía en cuenta que el niño se identificase con el texto, y sin embargo ahora
está claro que el niño debe ser el receptor directo y por tanto debe
identificarse con el personaje principal y con el texto.
Además en el comienzo, los libros
infantiles que se editaban tenían un fin educativo, un carácter moralizador y
didáctico, su objetivo no era artístico, sino pedagógico y también religioso y
esto era un error.
Cuando se paso de esta situación
a libros pensados para disfrutar y no para enseñar, fue cuando apareció la
auténtica literatura infantil, ya que fue cuando se produjo la transición desde
la palabra didáctico moral a la palabra lúdico estética (Según L. Sánchez
Corral, 1995).
Después de haber visto la historia
de la literatura, podemos hacer una clasificación de la literatura infantil. Podemos
distinguir:
- - Literatura creada para los niños, que es la que tiene ya como destinatarios específicos a los niños. Es la que en gran medida se ha producido, y sigue produciéndose, tanto bajo la forma de cuentos o novelas como de poemas y obras de teatro.
- - Literatura ganada (ya descrita anteriormente).
- - Literatura instrumentalizada. Se produce en el caso de libros que aparecen en series en las que, tras escoger un protagonista común, lo hacen pasar por distintos escenarios y situaciones: la playa, el monte, el circo, el mercado, el zoo, el campo, la iglesia, el colegio, la plaza (En todas estas producciones predomina la intención didáctica sobre la literaria. Tal es el caso de los libros protagonizados por Teo en los que los objetivos didácticos están por encima de los literarios. Por tanto, No son literatura, aunque lo parezcan).
¿Qué
lecturas son más apropiadas para los niños?
Como ya dije, resulta muy complicado
encontrar lecturas que puedan ser del
agrado de todos los niños de una clase (ya que cada uno tiene sus propias
características y gustos particulares), sin embargo, hay una serie de
características que si las tenemos en cuenta podrán ayudarnos en esta labor:
(muchas de estas ideas complementan lo que ya expliqué sobre esto en el tema
0).
- Gustos
de los niños: Debemos conocer lo
que les gusta a los niños y acercarles libros que puedan interesarles en
función de esos gustos. (Dependerá de los gustos personales, la sociología
familiar, sus vivencias personales y las distintas modas que se dan en cada época).
Debemos tener muy claro que las personas nos formamos por una serie de factores
internos y, también externos, que son condicionantes a la hora de elegir.
Aún así, los gustos son infinitos, personales y cambiantes.
- Momento
evolutivo: No debemos olvidar que cada libro es adecuado para un
determinado momento evolutivo, y que lo que les interesará con cuatro años
probablemente ya no lo hará cuando cumplan siete. En base a esta idea se
realizó la primera clasificación de literatura infantil. Fue realizada por la
editorial Santa María ediciones (SM) para su colección de libro “El Barco de
Vapor”:
- Serie blanca para los primeros lectores.
- Serie azul para los lectores de entre 6 y 8
años.
- Serie naranja para los lectores de entre 8 y
10 años.
- Serie roja para los lectores de entre 10 y 12
años.
El momento
evolutivo dependerá de la edad y el estado de desarrollo cognitivo.
- Edición: Deberemos
atender a las características de la edición de cada libro, es decir, el tipo de
letra, tamaño, cantidad de dibujos, calidad de las ilustraciones, etc. Y elegir
el libro que creamos más conveniente.
Una idea que no conocía y que me
resultó muy interesante cuando la tratamos en clase fue el motivo por el que se
utiliza letra muy grande en las ediciones destinadas al público infantil. Las
conclusiones a las que llegamos fue que se utiliza una letra de mayor tamaño
por:
- Motivos económicos: se consigue que el libro tenga un mayor grosor, por tanto su precio puede ser un poco más elevado. (Si pusieran letra pequeña acabarían publicando libros con dos o tres hojas y no los podrían vender a un precio elevado).
- Facilita la legibilidad: hace que el niño discrimine de mejor manera las palabras dentro de las frases.
- Disminuye las fijaciones a la hora de leer, que se irán aumentando a medida que los niños crecen, reduciendo el tamaño de la letra.
¿Qué temas se tratan y podemos
encontrar en la literatura infantil?
Hoy día la literatura para niños se
ha diversificado mucho dando lugar a más géneros que los clásicos narrativa,
poesía y teatro. En la literatura infantil podemos encontrar libros de acción y
aventuras, ciencia ficción, cómic, adivinanzas… de modo que podemos encontrar
prácticamente la misma temática que en los libros para adultos lo que pasa que
adaptada al momento evolutivo.
Obviamente hay temas que no aparecen
en la literatura infantil porque nada tienen que ver con su momento evolutivo, es
decir, porque no les interesarán a los niño de esa edad. Por ejemplo: hablarle
a un niño de seis años de las pandillas no tiene sentido, porque no es un
término acorde a su momento evolutivo (es algo ajeno a él), ya que no tendrá
una pandilla de amigos hasta varios años después.
- Género narrativo: pertenecen a este género las obras que cuentan una historia protagonizada por personajes.
- Género lírico: pertenecen a este género los textos cuyo contenido refleja emociones o sentimientos. Pueden estar escritos en verso o en prosa. (El escritor expresa sus sentimientos).
- Género dramático: pertenecen a este género los textos teatrales, que son obras que se escriben para ser representadas ante el público. (En este género, se representa la realidad a través de unos personajes que cuentan lo que hacen o piensa. Esta representación, la hacen mediante el diálogo).
¿Qué características editoriales deben tener los libros de literatura infantil?
Las características editoriales como
no podía ser de otra forma, dependerán de la edad del niño al que esté dirigido
el libro.
Podemos encontrar literatura
infantil a partir de los 0 años, estos libros están planteados (generalmente en
forma de álbumes) para que los padres se los lean a sus hijos, en ellos,
destaca que las ilustraciones son de gran tamaño y la letra suele variar
dependiendo del formato y tamaño de la publicación. También es habitual que
aparezcan diferentes texturas para que los niños experimenten. Este tipo de
literatura predomina hasta los cuatro o cinco años.
Cuando el niño es capaz de leer por
su cuenta, también se pueden utilizan álbumes, pues las ilustraciones de gran
tamaño animan al lector principiante. Se suele utilizar letra grande y poniendo
poco texto por página.
Me sorprendió la idea de que en la
etapa infantil y en ciertos casos en los primeros años de primaria, se trabaja
con la letra en cursiva, más tarde, pasamos a utilizar la letra de imprenta.
Esto tiene una explicación sencilla, los niños aprenden a leer con letra
cursiva, por tanto, en un primer momento solo saben leer este tipo de letra y hasta que adquieren el reconocimiento de otro
tipo de letra no se puede comenzar a leer con letra de imprenta. (Este paso se
lleva a cabo normalmente en primero de primaria).
Al observar los libros, podemos
destacar que a mayor edad de los lectores, cada vez encontramos menos cantidad
de ilustraciones y en mi opinión esto es un error, las buenas ilustraciones
deben considerarse una obra de arte, que nos gustan tanto a las personas
adultas como a los niños (e incluso puede que a los adultos más, pues nos
fijamos más en ellas y las valoramos).
Por tanto en mi opinión creo que no
deberían ir reduciendose la cantidad de ilustraciones conforme el niño va
creciendo (se van suprimiendo las fotos por motivos editoriales, buscando que
el tamaño del libro no sea excesivamente amplios).
¿Cómo debemos llevar a cabo los
maestros la elección del libro que propondremos a los niños?
1. En primer lugar, debemos hacer una
preselección, para ello, podemos acudir a librerías, páginas web, etc.
2. No debemos olvidar nunca los gustos
de nuestros alumnos, para lo que también tendremos en cuenta el momento
evolutivo de los niños de nuestra clase (es fundamental elegir un tema que les
sea cercano y les interese). (¿Qué es lo que les gusta? Nunca debemos olvidar
que hay tantas lecturas como personas, por tanto debemos ayudar a que cada
alumno encuentre la suya).
3. Aspectos editoriales: por lo que ya
se ha expuesto en este tema, no es lo mismo ofrecer un libro con letra cursiva
o letra de imprenta, tamaño de la letra, etc.
4. Aspectos formales-literarios; es
decir, no sólo el libro deberá tener un lenguaje fácil y ágil con respecto a la
edad de la que estemos hablando, sino que también deberá tener cierta calidad
artística.
Teniendo en cuenta todos estos
puntos, debemos tener en cuenta que: el lenguaje debe ser asequible y adaptado
a la edad y el desarrollo del niño, el formato debe ser atractivo, el estilo
debe ser dinámico y ágil con párrafos no muy largos. Los personajes son muy
importantes en la literatura infantil, deben ser personajes reconocibles por
los niños y con los que se puedan identificar (los libros en los que los
personajes no son estereotipados y los finales no son esperados, son los libros
que más les suelen gustar).
Como ya expuse en la reflexión del
bloque 0, es casi imposible elegir un
libro que les guste a todos nuestros alumnos. Habrá niños a los que les
guste el libro y otros a los que no.
Pero depende de nosotros el intentar que sea atractivo para la gran mayoría.
Fuentes:
M. Isabel Borda Crespo (2002): Literatura infantil y juvenil. Teoría y
didáctica, Granada, Grupo Editorial Universitario. http://cvc.cervantes.es/literatura/cauce/pdf/cauce12/cauce_12_007.pdf
Apuntes tomados en clase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario