REFLEXIÓN BLOQUE 2.
Antes
de nada debo dejar claro que me encantan los cuentos folclóricos. Desde pequeño
mis padres, especialmente mi madre, han intentado transmitirme la pasión que
ellos también sienten por este tema (cuando era pequeño mi madre pasaba horas
contándome cuentos) y mi padre (maestro) también influyó bastante en este
aspecto.
Partiendo
de esta base debo reconocer que este tema ha sido el que más me ha gustado con
diferencia de todos los que hemos trabajado en la asignatura.
Ahora
soy consciente de que la literatura nació de forma oral y llega hasta nosotros
a través del folclore de los cuentos primitivos.
Como ya he dicho, durante toda mi
infancia pude disfrutar de una gran variedad de cuentos folclóricos y estoy
encantado de que fuera así pues en mi opinión estos cuentos suponen una gran
cantidad de aportaciones positivas para los niños, además son atrayentes y nos
ayudarán a despertar su imaginación. También tienen la ventaja de que la gran
mayoría son más o menos fáciles de recordar y por tanto en caso de ser
necesario podremos recordarlos en etapas posteriores de nuestra vida.
A los niños les encanta escuchar
este tipo de historias (y he dicho escuchar, pues defiendo totalmente la idea
de que los cuentos folclóricos para trabajarlos con niños deben ser contados
por el adulto) ya que les divierten, les transportan a un mundo mágico y
diferente donde pueden imaginarse viviendo aventuras increíbles y emocionantes.
No cabe ninguna duda de que como
profesores trabajar todos estos aspectos
es muy positivo porque no puede haber nada mejor que hacer que nuestros alumnos
disfruten mientras nos están prestando atención, aprendiendo de nuestros gestos
y de nuestro vocabulario y porque no, también estaremos despertando la pasión por
los cuentos y su lectura.
Por tanto en el aula debemos tener siempre presentes estos
textos.
Una idea muy importante es que como
profesores no debemos conformarnos con el “todo vale” o “si total, cualquier
cuento sea como sea les va a gustar”. (Estas 2 últimas ideas son un grave
error). Como profesionales de la educación debemos ser conscientes de que no
todo vale, por tanto, debemos seleccionar los textos que vamos a trabajar
y para ello, tendremos que tener en cuenta si están o no correctamente adaptados
a la edad de nuestros alumnos.
Dos consejos que podemos tener en cuenta si pretendemos
adaptar nosotros mismos un texto son:
- Es recomendable trabajar con textos de los hermanos Grimm pues ofrecen más posibilidades de adaptación que otros, ya que no han sido excesivamente adaptados anteriormente.
- En nuestras adaptaciones podremos incluir nombres de los niños de la clase, pues esto les gusta, les divierte y les ayuda a identificarse mejor con los personajes por lo que conectan mejor todavía con la historia. (Debemos hacer esto solamente en aquellos personajes que sean destacados y queden bien posicionados en el cuento, es decir, nunca debemos incluir el nombre de uno de nuestros alumnos para hacer alusión al antagonista o a algún otro personaje que destaque por características negativas).
En mi opinión creo que puede ser muy recomendable que cuando vayamos a contar a nuestros alumnos un
cuento, de ser posible cambiemos la distribución de la clase y nos sentemos
todos en círculo por ejemplo en el suelo, de forma que intentemos crear un
ambiente distinto del habitual y algo más “mágico”. Con esto conseguiremos que
tengan una predisposición positiva pues ya de por sí esta nueva situación es
diferente y les gustará.
Otra actividad que podremos trabajar en clase es la
creación de un cuento mediante las aportaciones de todos (el profesor comienza
a contar un cuento y después ayudado por todos los alumnos inventan un final).
Esta actividad será muy bien recibida entre los niños pues si se hace de forma
oral entre todos será divertida y podrán reírse y disfrutar con las
aportaciones de los compañeros, además tendrán que trabajar para ponerse de
acuerdo y ver que aportaciones les gustan más y cuales menos y como resultado
conseguirán tener un cuento creado por todos ellos
Antes de
finalizar esta reflexión quiero contar una anécdota que me sucedió el otro día
y gracias a la cual me sorprendí incluso a mí mismo.
Trabajo todas las tardes como profesor de apoyo en un
instituto de la Comunidad de Madrid, mi función allí es mantener abierta y
controlada la biblioteca para que los alumnos del centro puedan venir a
repasar, consultar los libros y preguntarme todas aquellas dudas que puedan
tener.
Este martes uno de los chicos (3º
ESO) me dijo que estaba repasando porque tenía examen de literatura y
necesitaba mi ayuda, me llevé una gran sorpresa al ver que después de consultar
brevemente el contenido de su libro fui capaz de estar explicándole durante más
de 20 minutos conceptos de literatura y no sólo fui capaz de hacerlo, sino que
lo hice sin ninguna dificultad como si hubiera estado preparándome esta breve
clase durante días. (Tratamos temas como la definición de literatura, lo que
debe considerarse literatura y lo que no, su origen y evolución, la narrativa
literaria, etc.).
Le doy una gran importancia a esta
anécdota porque para mí supone la confirmación de que el método que hemos
seguido en clase ha funcionado pues no solamente nos ha permitido descubrir
aquellos conocimientos que más nos interesaban sino que también queda probado
que me ha ayudado a asimilarlos y a retenerlos (por lo menos una parte de ellos).
Espero que con el paso del tiempo
este auto-descubrimiento que hemos iniciado cada vez vaya a más y creo que será
así pues ahora cada vez que paso por delante de una librería siento curiosidad
y acabo entrando para mirar los libros y las geniales ilustraciones de Rebecca Dautremer
y no hay ocasión en la que no aprenda algo nuevo…
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